El sexo asalta al bricolaje
No, no es que me hayan venido a hacer proposiciones deshonestas al taller. Pero, cuando he ido a hacer búsquedas de bricolaje en Internet, me he encontrado cosas que me han puesto las llaves de Allen como escarpias…
La invasión del sexo está convirtiendo esto del bricolaje en un terreno un poco pantanoso. Posiblemente sea culpa de los chicos de Bricomanía, no por que se dediquen a hablar de sexo ¡pobrecillos!, sino porque han conseguido hacer de sus consejos de bricolaje el modelo estándar de cómo presentar un recetario. Y es que antes, lo tradicional era recurrir al tópico de las recetas de cocina para explicar los procedimientos de cualquier cosa. Utilizábamos mucho términos como receta, cocinar, ingrediente, aderezar, darle otra vuelta cuando hablábamos de cualquier preparativo o cualquier trabajo. Sin embargo en esta guerra mediática parece que los del bricolaje estamos ganando a los cocineros. Porque no podemos negar que esto es muestra de que entre los grandes capitanes de estos equipos, al menos en lo que a marcar estilos de comunicación se refiere, Kristian Pielhoff es más influyente que su colega, Carlos Arguiñano. Parece lógico, porque aunque los dos son comunicadores excelentes, el primero es siempre organizado y muy aseadito en sus guiones y Arguiñano sin embargo cuenta todo como a él le da la gana. Imitar el estilo de Arguiñano te obliga a contar un par de chistes y tener ese espíritu como de venir de tomar chiquitos con los amigos. En cambio lo de Bricomanía tiene la fórmula disciplinada de un programa en el que hay un jefe y unos patrocinadores que mandan mucho, pero en el que Kristian es capaz de salvar ese corsé y seguir dándole credibilidad e interés a lo que cuenta.
Así que, fruto de esa victoria de conceptos, los términos bricoladores se usan ahora para cualquier cosa, y en concreto para actividades referidas al sexo. Yo, que persigo lo que se publica sobre bricolaje en Internet, no dejo de recibir últimamente noticias sobre el bricolaje sexual. La cosa empezó por el tema de construir juguetes de carácter sexual. Pero claro ahora la cosa va ampliándose y fijaos lo que se propone en uno de los talleres de bricolaje sexual que se anuncia en Internet:
“Con nuestros sombreros fashion de exploradora, alguna cámara y cuaderno de notas nos preparamos para divertirnos, sorprendernos y hacernos un par de preguntas indiscretas. Este cursillo de verano nos llevará desde lo más estandarizado hasta lo más casero. Ven! te sudará el coño...”
Y entre las actividades, además de recorrer los sex-shops de su ciudad, la cosa incluye construcción de juguetes sexuales auto-inventados y un taller de ¡extensión de extremidades!
La verdad es que yo no tengo nada que objetar a que la gente se eche a la calle para aprender este tipo de actividades de sexo-jolgorio y no limite su vida sexual a quedarse en su casa dedicada a los trabajos manuales o a la actividad digital. Pero si nos invaden el espacio de Internet dedicado al término “bricolaje”, lo que nos va a ocurrir es que para encontrar información sobre nuestras herramientas tendremos que atravesar primero cientos de páginas dedicadas a vibradores, bolas chinas y demás artilugios de este nuevo mundo sexolúdico. Como solución propongo a sus protagonistas que incorporen desde ahora algún término específico que no nos complique en la red a los demás. No se… ¿qué tal sexolaje? |